Compartiendo nuestros libros

Visitemos fuentes de sabiduría: BHAGAVAD GITA

En muchas lecturas vamos a encontrar referencias a textos considerados "fuentes", que han sido reinterpretados por otras personas. Muchas veces conocemos estas relecturas y no la fuente. ¿Por qué entonces no hacer un breve recorrido por esas fuentes de la sabiduría de la humanidad? Por qué no ir a ellas y hacer nuestra propia lectura? Te invitamos a intentar esta aventura, a convertirte en un explorador de textos. Recuerda que "se hace camino al andar..."

¿Qué nos evoca la palabra "fuente" cuando nos referimos a un texto? Más allá de las definiciones etimológicas, a mí personalmente me evoca un lugar (en este caso un texto primero) de donde emana algo, algo que no permanece estático sino que está en permanente movimiento, fluyendo, trayendo consigo lo que estaba oculto un rato antes y que ahora se muestra como si fuera algo novedoso. Y me pregunto ¿dónde estaba antes que yo lo viera? Y esa imagen-texto continúa cambiando delante de mis ojos, modifica mis sentidos y mis sentires y al mismo tiempo, me une a una larga cadena de seres, que como yo, no dejan de asombrarse por la corriente de vida que mueve el mundo en el que vivimos. Y tengo la convicción que mi lectura también le da sentido a ese texto.

Hoy quisiera evocar el BHAGAVAD GITA, poema indio que forma parte del Mahabharata, la gran epopeya épica de la India. Y quiero hacer esto extractando algunas frases que me mueven y conmueven. Te invito a que lo leas y hagas tu propia selección.

Tomé como base EL BHAGAVAD GUITA DE ACUERDO A GANDHI, Evangelio de la Acción Desinteresada, que fuera publicado por Kier con presentación de Ismael Quiles y Prólogo de Swami Chidananda. Cuando no podemos leer la fuente en su lengua original, no nos queda otra que leerla a través de un traductor. Tratemos que el mismo sea lo más confiable posible.

Esta es parte de mi selección. Recordemos que es un diálogo entre Arjuna (el guerrero) y Krishna (el Señor)

(II.7). (Arjuna a Krishna) Mi ser está paralizado por el miedo; mi mente no puede discernir cuál es el deber, por eso te pregunto a ti; dime con toda claridad, te lo ruego, cuál es mi deber. Yo soy tu discípulo; guíame, busco refugio en ti.

(II.11) (Krishna a Arjuna) Te afliges por quienes no deberías afligirte y has pronunciado varias palabras de sabiduría. El sabio no se entristece ni por lo vivos ni por los muertos. (12) Porque Yo nunca dejé de existir, ni tú, ni estos reyes; ni ninguno de nosotros dejará de existir en el futuro. (13) Así como el Atman (alma) experimenta la infancia, la juventud y la vejez en el presente cuerpo, así también recibirá otro cuerpo. El hombre sabio no se engaña por esto.

(II.16) El No-Ser jamás ha existido, y el Ser jamás ha dejado de existir. El secreto de estas dos verdades ha sido descubierto por los buscadores de la Verdad.

(II.22) Tal como un hombre se quita sus vestidos usados y toma otros nuevos, así el alma encarnada abandona los cuerpos gastados y pasa a otros nuevos.

(II.27) Porque segura es la muerte para el que ha nacido, y seguro es el nacimiento para el que ha muerto; por lo tanto, no debes lamentar lo que es inevitable.

(II.33) Y si tú no luchas en esta noble batalla habrás traicionado tu deber y perdido tu honor, y habrás pecado. (34) El mundo recordará siempre la historia de tu deshonra; y para un hombre de honor la deshonra es peor que la muerte.

(II.39) He puesto ante ti el sendero del Conocimiento; escucha ahora sobre el sendero de la acción (Yoga), siguiendo este sendero te librarás de la esclavitud de las acciones. (40) En este sendero ningún esfuerzo es perdido, ni sobreviene ninguna desgracia. Aun un poco de este recto sendero te librará del gran miedo.

(II.47) Solamente la acción es tu obligación, jamás los frutos de ella; que el fruto de la acción no sea tu objetivo, pero no debes evitar la acción misma.

(II.50) En este mundo, un hombre dotado de esa actitud de desapego escapa al fruto de las acciones, sean buenas o malas. Por lo tanto adhiere al Yoga. Yoga es la habilidad en la acción.

(II.62) De las cavilaciones sobre los objetos de los sentidos, surge el apego a ellos; el apego engendra el deseo, y el deseo engendra la ira. (63) La ira alimenta la decepción, la decepción lleva a la pérdida de la memoria, la pérdida de la memoria arruina la razón, y la ruina de la razón significa la completa destrucción.

(II.70) Aquél en quien todos los deseos se apaciguan, tal como las aguas se sumergen en el océano que las recibe sin desbordarse, ese hombre encuentra la paz; no aquel que alimenta sus deseos. (71) El hombre que abandona todo anhelo y obra sin intereses, libre del sentido del "yo" y de "lo mío", él alcanza la paz.

(III.8) Cumple el deber que te corresponde, porque la acción es superior a la inactividad; ni aún la vida normal sería posible en la inacción.

continuaremos......

Contáctenos