La Tradición Hermética: Cosmogonía, Magia y Teúrgia.

En el 15º Aniversario de la Revista Symbolos y a pocos días de recibir su presencia nuevamente en nuestra casa (ver Charla de Hermetismo del 17/8/05), recordamos el Seminario de Agosto de 2004 a cargo de Marc García y Mireia Valls. Estas son algunas citas relativas a la temática de dicho seminario que queremos compartir con todos uds.

Seminario “La Tradición Hermética: Cosmogonía, Magia y Teúrgia”
Buenos Aires, 28 y 29 de agosto de 2004
A cargo de Marc García y Mireia Valls,
miembros del Centro de Estudios de Simbología de Barcelona y colaboradores de la revista SYMBOLOS

Citas relativas a la temática del seminario

 “Las verdades eternas, conocidas unánimemente y expresadas por sabios de todos los tiempos y lugares, se plasmaron en Occidente en el pensamiento de culturas estrechamente interrelacionadas que en distintos momentos florecieron en regiones ubicadas entre Oriente Medio y Europa, durante esta cuarta y última parte del ciclo, a la que se ha llamado Kali Yuga o Edad de Hierro, y que siempre se vinculó con el Oeste.
Antiquísimos conocimientos patrimonio de la Tradición Unánime fueron revelados a los sabios egipcios, persas y caldeos. Ellos se valieron de la mitología y el rito, del estudio de la armonía musical, de los astros, de la matemática y geometría sagradas, y de diversos vehículos iniciáticos que permiten acceder a los Misterios, para recrear la Filosofía Perenne diseñando y construyendo un corpus de ideas que ha sido el germen del pensamiento metafísico de Occidente conocido con el nombre de Tradición Hermética, rama occidental de la Tradición Primordial. Hermes Trismegisto, el Tres Veces Grande, da nombre a esta tradición. En verdad, Hermes es el nombre griego de un ser arquetípico invisible que todos los pueblos conocieron y que fue nombrado de distintas maneras. Se trata de un espíritu intermediario entre los dioses y los hombres, de una deidad instructora y educadora, de un curandero divino que revela sus mensajes a todo verdadero iniciado: el que ha pasado por la muerte y la ha vencido.
Los egipcios llamaron Thot a esta entidad iniciadora que transmitió las enseñanzas eternas a sus hierofantes, alquimistas, matemáticos y constructores, que con el auxilio de complejos rituales cosmogónicos emprendieron la aventura de atravesar las aguas que conducen a la patria de los inmortales.
Autores herméticos han relacionado a Hermes con Enoch y Elías, quienes serían, para los hebreos, la encarnación humana de esta entidad suprahumana a la que identifican con Rafael, el arcángel también guía, sanador y revelador. Esta tradición judía, que se ha considerado siempre como integrante de la Tradición Hermética, convivió con la egipcia antes y durante la cautividad -Moisés es fruto de esta convivencia- y en tiempos de los reyes David y Salomón durante la construcción del Templo de Jerusalén; hace alrededor de tres mil años estos pensamientos se consolidaron en una arquitectura revelada que permitió, una vez más, la creación de un espacio vacío o arca interior capaz de albergar en su seno la divinidad.
En el siglo VI antes de Cristo, que es el mismo siglo de la destrucción del Templo de Jerusalén, y contemporánea de Lao Tsé en la China, del Buddha Gautama en la India, y del profeta Daniel en Babilonia, nace la escuela de Pitágoras que, también heredera de los antiguos misterios revelados por Hermes, iluminará posteriormente a la cultura griega, tanto a los presocráticos como a Sócrates y Platón. Este pensamiento hermético influyó notablemente en la cultura romana, en los primeros cristianos y gnósticos alejandrinos, en los caballeros, constructores y alquimistas de la Europa medioeval y en los filósofos y artistas renacentistas, nutriéndose al mismo tiempo de los conocimientos cabalísticos y del esoterismo islámico.
Luego florecen estas ideas hermético-iniciáticas en el movimiento rosacruz que se desarrolla en Alemania y en la Inglaterra de la época isabelina, habiendo sido depositadas estas antiguas enseñanzas, posteriormente, en la Francmasonería. Esta Orden, que en su apariencia exotérica no ha podido escapar a la degradación y disolución promovidas por la humanidad actual, conserva sin embargo en sus ritos y símbolos ese germen revelado y revelador, activo en el seno de unas pocas logias que han logrado sustraerse a las modas innovadoras que amenazan a Occidente con sucumbir, y mantienen ese vínculo regenerador con el eje invisible de la Tradición que se dirige siempre hacia el verdadero Norte, origen y destino de la humanidad, del que esta tradición nunca se ha separado.
Hermes y la Tradición Hermética viven actualmente. Su presencia es eterna.”

(Federico González y colaboradores, “Introducción a la Ciencia Sagrada”. SYMBOLOS  nº 25-26, Barcelona, 2003, pp. 17-19)

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“En rigor, en la Tradición Hermética y la Alquimia, la Doctrina y la Enseñanza que el estudiante aprende es una sola y ésta es el Conocimiento de la Cosmogonía, a saber: la interpenetración de otros tiempos, espacios, ritmos y estados de conciencia distintos de los ordinarios, las que son realidades tan auténticas –cuando menos– como las concepciones tomadas del cúmulo de esfumaturas e ineficiencias que nos ofrece la sociedad contemporánea. En esta tradición los introductores e iniciadores no son considerados "maestros" en el sentido de ejercer una función de tipo psicológico o de autoridad institucional, o mismo de ejemplaridad en determinados usos y costumbres que el mundo puede cambiar una y otra vez a su antojo de acuerdo a sus modas que perennemente se quedarán en la relatividad de las formas. No se hace pues tanta cuestión con esto del "maestro", porque se enseña que la Realización es individual y que debe lograrla cada cual por sí, ineludiblemente. Por lo que se aconseja al lector que no ponga en otros lo que en verdad debe trabajar en sí.”
 
(ibid., p. 288)

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“El universo ha sido creado por una vibración sonora primordial emitida en el principio, es decir ahora mismo (pues la revelación es coetánea con el tiempo), por la Palabra, Verbo o Logos spermatikós, que es también el Mediador a través del cual el Ser Supremo, el Padre, concibe el modelo del mundo. Este Mediador o Intermediario entre la Unidad primigenia y el mundo hílico (material) recibe el nombre de Nous Demiurgo o Espíritu de la Construcción Universal. A su vez el Nous Demiurgo gobierna sobre las divinidades astrales que rigen a cada una de las esferas planetarias, las que organizan, junto a las divinidades zodiacales, la Rueda del Destino, en la cual se proyecta la existencia de los seres y las cosas. Este es el plano en el que actúa directamente el Anima Mundi, o segundo 'Demiurgo' (el Adam Protoplastos), que conjugando las energías contrarias y duales implícitas ya en esas divinidades, genera el fluir perenne y armonioso de los ciclos y los ritmos cósmicos. Finalmente, esas energías celestes descienden al plano hílico o Corpus Mundi, al que insuflan vida y orden a partir de las cualidades respectivas de los cuatro elementos en sus variadas combinaciones. La naturaleza deviene entonces un recipiente donde se reflejan los diversos niveles de la existencia universal. Y es por los signos reveladores que se expresan en ella (como si de un oráculo se tratara)  que el hombre puede remontarse hacia su origen, ascendiendo por los peldaños de la Escala Filosófica pues conserva en su interior la semilla del alma inmortal. Pero ese ascenso se hace efectivo mediante la ciencia teúrgica, que pone al hombre en comunicación con los dioses y las entidades angélicas, las cuales, mediante el rito y la invocación, transmiten su inteligencia y sabiduría al corazón del adepto.”

(ibid., pp. 319-320)
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“Se entiende aquí por magia (sin desconocer formas menores, ineficaces y perversas de esta ciencia) toda actividad ritual intermediaria, dedicada a atraer las energías celestes a la realidad terrestre, de acuerdo a la doctrina de las emanaciones cabalísticas que subordina el mundo elemental y corporal al mundo anímico y astral y ambos al plano estrictamente espiritual, o en otra terminología: intelectual. Por este motivo tanto las prácticas cultuales, como los in-cantamientos, ejercicios, concentraciones, meditaciones, estudios, y especialmente la oración, deben efectuarse teniendo el ánimo y la inteligencia puestos en las verdades más elevadas, en el Dios supremo e incognoscible, más allá de su propia creación. Esto hará que estas prácticas mágicas, o mejor teúrgicas y celestes, que presuponen un conocimiento cosmogónico y metafísico sean eficientes y adecuadas proporcionalmente a las necesidades que se invocan. Por otro lado este movimiento descendente de energías y fuerzas que se provoca ha de ser completamente subjetivo e interno, o sea de exclusivo interés del sujeto que las practica en íntima relación con el beneficio del Conocimiento. Su característica ha de ser la de la realización de un rito simpático y rítmico con el universo, y estas correspondencias y analogías que se pretende establecer han de ser efectuadas con un total desinterés sobre cosas particulares; o sea con un alto grado de "vaciamiento" e "impersonalidad", para que los efluvios de lo más alto se derramen sobre el "operario" o aprendiz de mago que de ese modo pudiera acceder a las verdades más sutiles y recónditas y a las esferas más altas del intelecto divino, a un punto tal que su propio ser se encuentre identificado en todo tiempo y lugar con las más transparentes emanaciones del cosmos y advierta su unidad y majestad en todas las cosas, de una manera natural, pues estas verdades son ya consubstanciales con su ser mismo. En este tipo de identificación con el universo y lo que está más allá de él, juega un papel extraordinariamente eficiente el Arbol de la Vida sefirótico, como modelo del universo e instrumento vehicular y revelador (como el Tarot) de las energías intermediarias entre la Deidad más alta y los seres y las cosas manifestados de forma material, o elemental.”

(ibid. pp. 356-357)

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“Hablaremos de la palabra magia y sus posibles equívocos. La vida entera, que se está manifestando en todos los órdenes en este mismo momento, es asimismo una función permanente de magia, o sea, que la realidad en la que vivimos es mágica. En ese mismo sentido nuestra actuación en ella también lo es, de modo natural, y la participación del hombre en este proceso es parte integrante del proceso mismo. La vida y nuestra existencia se están haciendo permanentemente y nosotros podemos participar o influir en ella de acuerdo a determinadas pautas, relacionadas con ciertos ritos especiales. Pues en el caso del rito sucede lo mismo que con el símbolo: si bien toda manifestación es simbólica e igualmente la vida un perpetuo rito, sin embargo existen ciertos símbolos y ritos particulares que en forma mágica actúan sobre nosotros, siempre que el sujeto que practique determinados ejercicios se encuentre en el estado adecuado para realizarlos y sean cuerdas y sanas sus intenciones. La Tradición Hermética trabaja constantemente con símbolos y también utiliza determinadas "ceremonias", para vivificar esos símbolos trayéndolos así al plano de la acción. Determinados "métodos", gestos o formas de trabajo, capaces de promover en nosotros y en nuestro entorno determinadas situaciones y energías aptas para ser moldeadas por una voluntad lúcida y rectamente ordenada en la triunidad Verdad-Belleza-Bien.”

(ibid., pp. 118-119)

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“Una representación pictórica es una ceremonia congelada, un gesto prototípico capaz de engendrar un sinnúmero de otros gestos igualmente armoniosos. Así concebían el Arte los maestros del Renacimiento, y ese es el caso de la mayor parte de sus creaciones, por ejemplo, "La Primavera" de Boticelli, cuyo contenido mágico y esotérico es evidente, en cuanto transmite las emanaciones del dulce misterio de la vida, percibido plenamente por el autor. Por cierto que Leonardo participaba de este mismo tipo de concepción y se encargó de demostrarlo no sólo por medio de su obra plástica, sino igualmente con su ciencia y con el matrimonio de ésta con su arte en representaciones mecánicas-teatrales, donde manifestó el modelo cosmogónico mediante un grandioso espectáculo que ofreció en la corte de sus protectores. Shakespeare utilizó también la poesía y el teatro para expresar lo esotérico, como asimismo lo hicieron los artistas renacentistas, no sólo italianos, sino también alemanes, franceses, flamencos e ingleses (con expresiones tan aparentemente alejadas como la construcción de jardines simbólicos herméticos, o ingenios animados, etc. etc.), hasta entrado el siglo XVIII. El arte era pues un rito, una ceremonia mágica encaminada a establecer una comunicación entre cielo y tierra, en aras de una armonía energética universal designada con el radiante nombre de Belleza.
Igualmente Magia y Arte, han de ser conectados de forma directa con el Amor, como sinónimo de Unión, el que en la práctica cotidiana no sólo ha de identificarse con ideales románticos sino también con la fastuosa genitalidad de la hembra prototípica (una y otra vez individualizada).
No hay nada más valioso que la aventura del Conocimiento y su secuela, la energía del Pensamiento, vale decir los instrumentos motores del Arte que se resuelven en el placer inefable de la Contemplación. Ellos no tienen precio, en verdad, y si hay algo que puede ser llamado lujo es esta magia, que paradójicamente se encuentra al alcance inmediato de todo aquel que es capaz de interesarse verdaderamente en ella; la cual, de cambio en cambio, va produciendo una auténtica transmutación interior.”

(ibid., pp. 357-358)

Bibliografía

-Revista SYMBOLOS, especialmente los siguientes volúmenes dobles: nº 11-12, “Tradición Hermética” (1996); nº 13-14, “Masonería” (1997); nº 25-26, “Introducción a la Ciencia Sagrada” (2003); y nº 27-28, “Lo femenino-La mujer” (2004).

-Federico González, “La Rueda. Una imagen simbólica del Cosmos”. Ed. SYMBOLOS, Barcelona, 1986, 263 pp.

-id., “El Tarot de los Cabalistas. Vehículo Mágico”. Ed. Kier, Buenos Aires, 1993, 192 pp.

-id., “Esoterismo Siglo XXI. En torno a René Guénon”. Ed. Muñoz Moya, Sevilla, 2000, 404 pp.

-id., “Hermetismo y Masonería. Doctrina, Historia, Actualidad”. Ed. Kier, Buenos Aires, 2001, 270 pp.

-id., “El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas”. Ed. Kier, Buenos Aires, 2003, 320 pp.

-id., “Simbolismo y Arte” (2ª edición). Ed. Los Libros del Innombrable, Zaragoza, 2004, 128 pp.

-id., “Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo”. Ed. Kier, Buenos Aires, 2004, 336 pp.

-Francisco Ariza, “Masonería. Símbolos y Ritos”. Ed. SYMBOLOS, Barcelona, 2002, 220 pp.

-Josep M. Gràcia, “Simbólica Arquitectónica”. Ed. SYMBOLOS, Barcelona, 2004, 224 pp.

-Siete Maestros Masones, “Cosmogonía Masónica. Símbolo, Rito, Iniciación”. Ed. Kier, Buenos Aires, 2003, 256 pp.

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