Qué es un MANDALA?

Cuando uno no sabe qué significa algo, utiliza primero un diccionario, del más simple al más específico. Estos a su vez nos van remitiendo a otros vocablos y a fuentes bibliográficas que nos permiten irnos interiorizando en el tema de nuestra consulta.

Te invitamos a realizar este recorrido, sin olvidar las fuentes ya que estas son el resultado del esfuerzo de tantos creadores que quieren compartir sus ideas con nosotros, y que por lo menos, merecen nuestro reconocimiento anónimo.

Primero nos remitimos a un diccionario común, para encontrar el significado más simple y popular. Utilizamos la Enciclopedia Salvat, el tomo 8, y para nuestra sorpresa la palabra MANDALA no se encuentra. Lo más cercano es Mandale, ciudad de Birmania... No es lo que buscamos.

Como tenemos algunas pistas de qué se trata la palabra, vamos al DICCIONARIO DE FILOSOFÍA ORIENTAL, de Samuel Wolpin, Editado por Kier, y entonces transcribimos:

MANDALA (sánscrito), o mandara (japonés) o dkyl-hkor (tibetano). Figura mágica; diagrama sagrado.

Según Zaniah, son instrumentos, medios o emblemas geométricos que se corresponden con atributos divino o bien formas de encantamientos de la que vienen a ser la cristalización visual.

Juan Riviere aclara que se puede meditar desde el centro hacia el exterior, en una idea de creación, de expansión; o bien ir desde el exterior hacia el punto central, en una continua y progresiva disolución que poco a poco borra las ilusiones del Universo para centrar la consciencia en la realidad última. La meditación de primera clase es llamada vishnuista; la segunda, sivaísta.

Paul Arnold -El Zen y la tradición japonesa- describe 4 categorías de mandalas:
1. Mahabhuta mandala, o mandala del gran elemento. Representa gráficamente la jerarquía completa de los Budas, de los bodhisattvas y de todas las deidades, bajo la forma de los 5 colores que no son sino los elementos. Los japoneses llaman a esta figura daimandara.
2. Samaya mandala, sanmaya (japonés), Mandala convencional; en él figuran los atributos que caracterizan a los grandes iniciados: el loto, la espada, etc.
3. Dharma mandala; ho-mandara (japonés). Expone el contenido de las meditaciones y el significado de los sutras, expresados por letras sánscritas.
4. Karma mandala, katsuma-mandara (japonés). Reproduce la acción, la actitud o los gestos (mudras) de los Maestros.

Caterina Conio -El Hinduísmo, Hyspamérica, Madrid 1985- señala que el mandala marca un espacio sagrado, una zona en la que encontrar, de alguna manera, un refugio espiritual y, al propio tiempo,un objeto de meditación, representando no sólo una superficie consagrad -y, por lo tanto, "defendida" de las fuerzas negativas- sino, además, un cosmograma que gira idealmente en torno a un punto central: el centro del cosmos que es a la vez el centro delhombre, lo más profundo de su ser. Este esquema es el que permite una meditación contemplativa y reconduce al sere hacia su propia identidad interior.

Mariano Antolín y Alfredo Embid -Introducción al budismo zen, Barral, Barcelona 1974- hacen notar que algunos psicólogos modernos, entre ellos Jung, señalan que cada mandala se correspondería con la energía básica de la psique individual.

En los Vedanta Sutras se designa con el término parimandala la forma esférica de los átomos y, por extensión, a los átomos mismos.

Giuseppe Tucci -Teoría y práctica del mandala- lo denomina "pisco-cosmograma" que es "proyección geométrica del mundo". Favorece la imaginación por proyección del hombre en la obra y acción de la obra sobre el hombre.

Hay una referencia a Jung, lo que nos aproxima más a occidente. Recordamos entonces un título dentro de la vasta obra de Carl Jung, El Secreto de la Flor de Oro, que escribió en conjunto con Richard Wilhelm, versión castellana de Editorial Paidós. El subtítulo de este libro dice "Un libro de la vida chino", y esto nos sumerge más en el mundo de la globalización. Estamos usando conceptos sánscritos, japoneses, tibetanos, chinos, hablamos de filosfía oriental, de psicología occidental, de magia, meditación, psique, geometría, símbolos... Veamos lo que dice Jung en este libro:

(pg.38) 2. El movimiento circular y el centro.

La unión de los opuestos sobre un nivel más elevado no es, como ya se destacó, ningún asunto racional, y tampoco cosa del querer, sino un proceso de desarrollo psíquico que se expresa en símbolos. Históricamente fue siempre representado por símbolos y aún hoy se manifiesta en el desarrollo individual de la personalidad a través de figuras simbólicas. Ese hecho resultó para mí, de las siguientes experiencias; las fantasías espontáneas, de las que tratamos más arriba, se ahondan y concentran paulatinamente en imágenes abstrasctas que aparentemente representan "principio", verdaderos archai gnósticos. Cuando las fantasías son principalmente expresadas como pensamientos, entran en escena formulaciones intuitivas de leyes o principios oscuramente presentidos, que de inmediato son dramatizados o personificados. (De esto habremos de tratar todavía más abajo). Si las fantasías son dibujadas, surgen símbolos que pertenecen principalmente al tipo llamado mandala. Mandala quiere decir círculo, en especial círculo mágico. No sólo están los mandalas expandidois por todo el Oriente, sino que tambien entre nosotros se hallan abundantemente atestiguados durante la Edad Media. Los crisitanos especialmente han de ser situados a principios de la Edad Media, en su mayor parte con Cristo en el centro y los 4 evangelistas, o sus síimbolos, en los puntos cardinales. Esta concepción debe ser muy antigua, puesto que también es representado así por los egipcios Horus con sus 4 hijos. (Horus con sus 4 hijos tiene, como se sabe, relaciones muy próximas con Cristo y los 4 evangelistas). Más tarde encontramos un evidente mandala, altamente interesante, en el libro de Jakob Boehme sobre el alma Es enteramente visible allí que se trata de un sistema psicocósmico con una fuerte trama cristiana. Lo llama él "el ojo filosófico" o "el espejo de la sabiduría", con lo que se da a entender manifiestamente una summa del saber secreto. En su mayor parte, los mandalas tienen forma de flor, cruz o rueda, con una clara propensión al 4, que recuerda la tetraktys pitagórica, el número básico. Se hallan también tales mandalas, como diseños en arena para usos rituales, entre los indios pueblos. El Este posee naturalmente los más bellos mandalas, en especial el budismo tibetano. En estos mandalas están representados los símbolos de nuestro texto. He encontrado asimismo dibujos mandálicos entre enfermos mentales, , y por cierto entre gente que, con seguridad, no tiene la menor idea de las vinculaciones aquí mencionadas.
Entre mis pacientes he observado algunos casos de señoras que no dibujaban los mandalas, sino que los bailaban. Para eso existe en la India el término mandala nritya = danza mandala. Las figuras de la danza expresan idéntico significado que los dibujos. Los pacientes mismos poco pueden declarar acerca del sentido de los símbolos mandálicos. Solamente son fascinados por ellos y de alguna manera los hallan, con respecto ala estado anímico subjetivo, plenos de expresión y efecto.
Nuestro texto promete "revelar el secreto de la Flor de Oro del Uno", La Flor de Oro es la Luz, y la Luz del Cielo es Tao. La Flor de Oro es un símbolo mandálico con el que me he contrado a menudo entre mis pacientes. Es dibujada ya en vista general, en consecuencia como un ornamenteo geométrico regular, ya también en vista particular como flor que crece de una planta. La planta es, a menudo, una imagen en colores luminoso ígneos, que crece de una oscuridad subyacente, y lleva encima la Flor de Luz (un símbolo similar al árbol de Navidad)...
Cuando mis pacientes esbozan tales imágenes, ello no ocurre naturalmente por sugestión, pues tales imágenes fueron hechas antes de que me fuera conocido su significado o su relación con las prácticas del Este, que entonces ignoraba yo por completo. Nacían en forma enteramente espontánea, y de dos fuentes. Una fuente es lo inconsciente, que engendra tales fantasías espontáneamente; la otra fuente es la vida, que vivida con la devoción más plena da un presentimiento del sí mismo, de la esencia individual. La percepción de la última fuente se expresa en el dibujo; la primera fuente obliga a un darse a la vida. Pues, totalmente en concordancia con la concepción oriental, el símbolo mandálico no sólo es expresión sino que también tiene efecto. Reacciona sobre su autor. Antiquísimos efectos mágicos se asocian con ese símbolo, pues desciende originalmente del "círculo protector", del "círculo encantado", cuya magia se ha conservado en innumerables usos populares. La imagen tiene el objeto manifiesto de trazar un surco mágico alrededor del centro, el templum o el temenos (recinto sacro) de la personalidad más íntima para impedir la "efluxión" o rechazar apotropéyicamente la distracción por lo externo. Las prácticas mágicas no son otra cosa que proyecciones del acontecer anímico, que hallan aquí su reaplicación sobre el alma, obrando como una especie de encantamiento de la propia personalidad; es decir, un retrotraer, sostenido y facilitado por medio del proceder gráfico, de la atención o, mejor dicho, de la participación, a un recinto sacro interno que es origen y meta del alma, y que contiene esa unidad de vida y conciencia primero tenida, perdida luego y que ha de encontrarse nuevamente...
La voluntad consciente no puede alcanzar tal unidad simbólica, pues la conciencia es, en este caso, parte. El opositor es lo inconciente colectivo, que no entiende ning{un lenguaje de la conciencia. Por lo tanto, se tiene necesidad de símbolos "mágicamente" efectivos, que contengan aquellos analogismos primitivos que hablan a lo inconsciente. Sólo mediante el símbolo puede lo inconsciente ser alcanzado y expresado, por cuyo motivo jamás podrá la individuación abstenerse de símbolos. El símbolo es por un lado la expresión primitiva de lo inconsciente y, por el otro, una idea que corresponde al más alto presentimiento que le sea dado a la conciencia.
El más antiguo de los dibujos mandálicos que conozco es una llamada "rueda solar" paleolítica, que fue descubierta poco ha en Rhodesia. Está basada, de igua manera, en el número 4. Cosas que llegan tan hacia atrás en la historia de la humanidad tocan, naturalmente, las capas más profundas de lo inconsciente, y posibilitan asirlas donde el lenguaje consciente se muestra como totalmente impotente. Tales cosas no pueden ser creadas por el pensamiento, sino que deben crecer de nuevo hacia arriba desde la oscura profundidad del olvido, para expresar los presentimientos supremos de la conciencia y la intución más alta del espíritu y, así, fundir en uno la unidad de la conciencia actual con el primitivo pasado de la vida.

Podríamos continuar y ver qué pasa con los mandalas y el arte, otra expresión del espíritu. Pero esto lo dejaremos para otro momento.

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