Hablemos del significado de los colores

Para hablar de qué es la cromoterapia, tenemos que introducirnos en el mundo de los colores... A raíz de esto extractamos algunos párrafos del libro EL MENSAJE DE LOS SÍMBOLOS, Mitos, culturas y religiones, de Manfred Lurker, de Editorial Herder. Es la primera aproximación que se nos ocurre hacer sobre este tema sin entrar en un libro específico.

TENEMOS VIDA EN EL FULGOR IRISADO (pg.153)
Hay importantes elementos psicológicos y estéticos, vinculados a la percepción de los colores como una vivencia sensible elemental. Los colores pueden excitar o tranquilizar; está demostrado por la fisiología que el color rojo puede acelerar el pulso y elevar la presión sanguínea, mientras que el azul produce a veces efectos contrarios. En medicina se hacen ensayos para curar enfermedades mediante irradiaciones cromáticas o baños de colores; es una técnica que se conoce como cromoterapia. En centros psiquiátricos se utilizan rayos azulados y la luz azul para tranquilizar a los enfermos.
Piénsese también que en determinados colores se perciben como cálidos y secos (rojo y amarillo), en tanto que otros se sienten como fríos y húmedos (azul y verde), Un rojo vigoroso y saturado de claridad media puede percibirse como un estímulo y excitante vigoroso, mientras que un azul obscuro se siente como serenante y equilibrador. Ya ahora se echa de ver que, pese al carácter individual de las sensaciones -cada uno tiene su color preferido-, también en los colores se da una regularidad, que está fuera del ordenamiento o relación humanos.
Los colores son portadores de significado, confieren a los objetos un sentido. Para los egipcios antiguos no eran nada casual; para ellos la palabra "color" equivalía a "esencia"; cuando se dice refiriéndose a los dioses que no se conoce su color, se está señalando el carácter insondable de su ser. Cuando hoy nosotros decimos de un persona que es "incolora", estamos sugiriendo que en su manera de ser no tiene unos perfiles precisos. "Mantener el color" es mantener una posición clara y declarar abiertamente la propia manera de pensar. El color visible externamente constituye en una visión simbólica la esencia interna de las cosas; el ser es en sí incoloro, sólo mediante los colores se obtiene la vida o, como se dice en el Fausto de Goethe, "tenemos la vida en el fulgor irisado". Así como toda física acaba desembocando en una metafísica, así también todos los fenómenos ópticos apuntan por encima de sí mismos; sin embargo, "el color de un resplandor fugaz no es más que la antena de un mundo invisible" o -para emplear de nuevo una expresión de Ernst Jünger- "para nosotros, los mortales, la luz una e invisible sólo brilla en la multiplicidad de los colores".
Que los colores no existen por sí solos sino en correspondencia con otros fenómenos se echa de ver en que en determinadas circunstancias una vivencia sensorial acústica puede conducir a una percepción óptica, y esta especie de sinestia se designa "audición coloreada" (audition colorée). Desde siempre han sabido los poetas de ese juego recíproco, por lo que para ellos el mundo entero constituye una unidad armónica...

Una vez más se advierte que colores, sonidos y palabran han de considerarse como algo más que elementos aislados, que sólo pueden entenderse desde su modo especial de existencia; lo que más importa más bien es descubrir las relaciones espirituales que están detrás e incorporarlas a una imagen unitaria del mundo. En la fe de todos los tiempos los más diversos círculos simbólicos se relacionan con los colores, empezando por los partidos políticos, las banderas de los países, los estratos o clases sociales y las propiedads humanas, así como las flores y las piedras preciosas y hasta los puntos cardinales y los planetas.
Los 7 pisos de las antiguas torres escalonadas de Mesopotamia están relacionados con cada uno de los planetas a través de un color especial: el negro con Saturno, el rojo obscuro con Júpiter, el rojo claro con Marte, el oro con el Sol, el amarillo claro con Venus, el azul con Mercurio y el color plata con la Luna...

Así como para Jakob Böhme los colores eran una forma de manifestación de la luz abisal y divina, que el hombre podía captar, así también Philipp Otto Runge veía en los mismos el misterio más profundo. Para él el color es "el arte supremo" y en "los mil colores" reconoce la gran luz del mundo; "el simple símbolo de la Trinidad de Dios lo es de la luz suprema, como el simple símbolo de los tres colores lo es de la luz solar". Los tres colores básicos significaban para Runge el anhelo (amarillo), el amor (rojo) y la fe (azul)...

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