23/4/1995: Día Mundial del Idioma, del Libro y del Derecho de Autor
La Conferencia General de la Unesco en su vigésimoctava sesión proclamó esta fecha. Esta idea, promovida por la Unión Internacional de Editores (UIE), fue presentada a la Unesco por el gobierno de España, enriquecida por la noción de derecho de autor por la Federación de Rusia y aprobada unánimemente por todos los Estados miembros. Un antecedente de esta celebración se encuentra en Cataluña, donde tradicionalmente el 23 de Abril (fiesta de San Jordi) se regala un libro y una rosa. Una razón de carácter más universal para escoger este día reside en que es la fecha de muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), de William Shakespeare (1564-1616) y de Garcilaso de la Vega (1539-1616), los tres, el 23 de abril de 1616.
Miguel de CERVANTES (1547-1616): VIDA Y SEMBLANZAS
Nace Migue1 de Cervantes Saavedra en 1547, en Alcalá de Henares, de un padre cirujano que del lado materno tenía ascendencia, tal vez, conversa. De sus primeros años no se sabe nada seguro. Sólo nos quedan cuatro poesías suyas publicadas en 1569 en Madrid por su maestro, el humanista Juan López de Hoyos, con las cuales se inicia su carrera de escritor. De 1569 a 1580, la vida de Cervantes toma otro rumbo y se separa por completo del campo de las letras. Tras haber estado en Roma, pelea "muy valientemente" en Lepanto, perdiendo, a consecuencia de un arcabuzazo, el uso de la mano izquierda. Recuperado de su herida, toma parte el año siguiente en las acciones militares llevadas por don Juan de Austria en Navarino, Corfú y Túnez. En 1575, al regresar por mar a España, cae en manos de corsarios argelinos. Llevado a Argel como esclavo, conoce un cautiverio de cinco años, marcado por cuatro intentos frustrados de escape. Rescatado en 1580 por los trinitarios, Cervantes regresa a Madrid. En 1585 publica La Galatea, mientras hace representar varias comedias que se han perdido, con excepción de El trato de Argel y El cerco de Numancia. Por aquellas mismas fechas contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios. Pronto va a empezar otro capítulo de su vida. A partir de 1587, desempeña varias comisiones en Andalucía: primero, como proveedor de la Armada Invencible, luego para la Hacienda pública, con la cual conoce oscuras desavenencias, siendo encarcelado en 1597, durante varios meses, en Sevilla. En 1605 se encuentra en Valladolid, por aquel entonces sede de la Corte, el mismo año en que sale a luz en Madrid la primera parte del Quijote, consiguiendo un éxito inmediato. En 1607 regresa a Madrid. Esta última fase de su vida queda marcada por una intensa actividad literaria. En 1613 se editan sus Novelas ejemplares. En 1614 da a conocer el Viaje del Parnaso, y en 1615, las Ocho comedias y ocho entremeses. También el mismo año publica la segunda Parte del Quijote, respuesta a la continuación apócrifa publicada el año anterior por el misterioso Avellaneda. Por fin, en 1616, termina Los trabajos de Persiles y Sigismunda. A los tres días de redactada la dedicatoria, muere Cervantes el 22 de abril de 1616, coincidiendo su desaparición con la de William Shakespeare.
Lo que sabemos de la vida de Cervantes es fruto de investigaciones sucesivas, realizadas desde el primer tercio del siglo XVIII. Pero la aportación más significativa ha sido la de los eruditos de principios de este siglo, y en particular de Cristóbal Pérez Pastor. Los documentos publicados por ellos proceden de los archivos públicos, parroquiales y notariales. Se refieren, en su mayoría, al cautiverio de Cervantes, a las comisiones que desempeñó en Andalucía y a sucesos particulares de su vida externa. En cambio, muy pocos son los que arrojan alguna luz sobre su carrera de escritor, por no decir nada de su personalidad. Hoy en día, se necesitaría una presentación metódica y comentada de estos documentos, actualizando la que fue esbozada hace ya años por James Fitzmaurice Kelly: Miguel de Cervantes Saavedra; reseña documentada de su vida (Oxford, 1917). Carecemos asimismo de una biografía crítica digna de este nombre. La magna obra de Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (Madrid, 1948-1958), 7 vols., es muy discutible en su método y adolece de varios prejuicios, aunque reúne una suma considerable de informaciones, a veces inéditas, y constituye por ello una referencia insustituible. El ensayo de Rosa Rossi, Escuchar a Cervantes (Valladolid, 1988), pretende acabar con el cervantismo hagiográfico, interpretando el vivir del escritor en el cruce de su presunto origen converso y de su supuesta diferencia sexual. Entre los biógrafos más recientes, algunos reactivan la tradición de las biografías noveladas, en las que el biógrafo acaba por obliterar al biografiado: así Andrés Trapiello, Las vidas de Cervantes (Barcelona, 1993) y, en una visión un tanto escandalosa, Fernando Arrabal (Un esclavo llamado Cervantes (París y Madrid, 1996).
La biografía escrita por el autor de esta nota--Cervantes, 3ª ed. (Madrid, Espasa, 1997)--fue publicada en francés en 1986. Traducida al castellano el año siguiente y reeditada en 1992, acaba de salir nuevamente, en versión revisada y complementada. A diferencia de otros ensayos, no pretende sumirse en las profundidades de lo irracional, a fin de descifrar las figuraciones simbólicas que nos proporcionarían las ficciones cervantinas. En vez de "explicar" a Cervantes, un hombre desaparecido hace casi cuatro siglos, a quien su obra se le ha escapado para seguir en adelante su propia trayectoria, aspira más bien a "contarlo mejor." Primero, estableciendo con todo el rigor requerido lo que se sabe de las experiencias y de las acciones que constituyen la vida de Cervantes, y prescindiendo, por consiguiente, de las fabulaciones que las alteran, como el que fuera alumno de los jesuitas de Sevilla, o que el Quijote se escribiera en una mazmorra. En segundo lugar, sitúa en su medio y su época--cuyo conocimiento se ha beneficiado de la labor reciente de grandes historiadores--a un escritor que fue actor oscuro de una aventura heroica, testigo lúcido de un tiempo de dudas y de crisis, e intérprete, a su modo, de un momento clave de la historia de España. Finalmente, y hasta donde sea posible, trata de ir a su encuentro. Al seguir el movimiento que nos esforzamos en volver inteligible, este libro ofrece, por decirlo así, el perfil conjetural de una figura que ni se confunde con el individuo que conocieron sus allegados, ni con el "raro inventor" cuya efigie esculpió el propio Cervantes, ni tampoco con la sucesión de mitos que ha suscitado desde su muerte y cuyo estudio merecería emprenderse algún día: en otros términos, el perfil perdido que prestamos al narrador secreto disimulado tras sus dobles, a aquel ausente tan presente cuya voz sólo a él pertenece y que reconocemos cada vez entre otras mil.
Prof. Jean Canavaggio, Director
Casa de Velázquez, Madrid
William Shakespeare - (Gran Bretaña, 1564-1616)
Poeta y autor teatral inglés, considerado generalmente como uno de los mejores dramaturgos de la literatura universal. Resulta imposible llevar a cabo una exposición completa de la vida del celebrado autor inglés, pues existen en torno a ella numerosas suposiciones y muy pocos datos comprobados. Se mantiene tradicionalmente que nació el 23 de abril de 1564, y se sabe a ciencia cierta que fue bautizado al día siguiente, en Stratford-upon-Avon, Warwickshire. Tercero de ocho hermanos, fue el primer hijo varón de un próspero comerciante, y de Mary Arden, hija a su vez de un terrateniente católico. Probablemente, estudió en la escuela de su localidad y, como primogénito varón, estaba destinado a suceder a su padre al frente de sus negocios. Sin embargo, según un testimonio de la época, el joven Shakespeare hubo de comenzar a trabajar como aprendiz de carnicero, por la difícil situación económica que atravesaba su padre. Según otro testimonio, se convirtió en maestro de escuela. Lo que sí parece claro es que debió disfrutar de bastante tiempo libre durante su adolescencia, pues en sus obras aparecen numerosas y eruditas referencias sobre la caza con y sin halcones, algo poco habitual entre sus contemporáneos. En 1582 se casó con Anne Hathaway, hija de un granjero, con la que tuvo una hija, Susanna, en 1583, y dos mellizos —un niño, que murió a los 11 años de edad, y una niña— en 1585. Al parecer, hubo de abandonar Stratford al sorprenderlo cazando ilegalmente en las propiedades de sir Thomas Lucy, el juez de paz de la ciudad. Se supone que llegó a Londres hacia 1588 y, cuatro años más tarde, ya había logrado un notable éxito como dramaturgo y actor teatral. Muy poco después, consiguió el mecenazgo de Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton. La publicación de dos poemas eróticos según la moda de la época, Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), y de sus Sonetos (editados en 1609 pero que habían estado circulando en forma de manuscrito desde bastante tiempo atrás) le valieron la reputación de brillante poeta renacentista. Los Sonetos describen la devoción de un personaje que a menudo ha sido identificado con el propio poeta, hacia un atractivo joven cuya belleza y virtud admira, y hacia una oscura y misteriosa dama de la que el poeta está encaprichado. El joven se siente a su vez irresistiblemente atraído por la dama, con lo cual se cierra un triángulo, descrito por el poeta con una apasionada intensidad que, no obstante, no llega a alcanzar los extremos de sus tragedias, sino que, más bien, tiende al refinamiento en el análisis de los sentimientos de los personajes. De hecho, la reputación actual de Shakespeare se basa, sobre todo, en las 38 obras teatrales de las que se tienen indicios de su participación, bien porque las escribiera, modificara o colaborara en su redacción. Aunque hoy son muy conocidas y apreciadas, sus contemporáneos de mayor nivel cultural las rechazaron, por considerarlas, como al resto del teatro, tan sólo un vulgar entretenimiento. La vida profesional de Shakespeare en Londres estuvo marcada por una serie de arreglos financieros que le permitieron compartir los beneficios de la compañía teatral en la que actuaba, la Chamberlain’s Men, más tarde llamada King’s Men, y de los dos teatros que ésta poseía, The Globe y Blackfriars. Sus obras fueron representadas en la corte de la reina Isabel I y del rey Jacobo I con mayor frecuencia que las de sus contemporáneos, y se tiene constancia de que sólo en una ocasión estuvo a punto de perder el favor real. Fue en 1599 cuando su compañía representó la obras de la deposición y el asesinato del rey Ricardo II, a petición de un grupo de cortesanos que conspiraban contra la reina Isabel, encabezado por un ex-favorito de la reina, Robert Devereux, y por el conde de Southampton, aunque en la investigación que siguió al hecho, la compañía teatral quedó absuelta de toda complicidad. A partir del año 1608, la producción dramática de Shakespeare decreció considerablemente, pues al parecer se estableció en su ciudad natal, Stratford, donde compró una casa llamada New Place. Murió el 23 de abril de 1616 y fue enterrado en la iglesia de Stratford.
Su carrera literaria se suele dividir en cuatro periodos: 1) antes de 1594; 2) entre 1594 y 1600; 3) entre 1600 y 1608 y 4) desde 1608. Sus primeras obras fueron dramas que tenían como trasfondo los enfrentamientos civiles en la Inglaterra del siglo XV. Estas obras, Enrique VI (1592) y Ricardo III (1593), tratan de las funestas consecuencias que para el país tuvo la falta de un liderazgo fuerte y de un proyecto nacional, debido al egoísmo de los políticos de la época. Tito Andrónico (1594), una tragedia poblada de justas venganzas, que posee una puesta en escena extremadamente detallista. Comedias como La comedia de los equívocos (1592), una divertida farsa que, imitando el estilo de la comedia clásica romana, basa su interés en los errores de identidad que provocan dos parejas de gemelos y los equívocos que se producen respecto al amor y a la guerra; La doma de la bravía (1593), Los dos hidalgos de Verona (1594) y Trabajos de amor perdidos (1594). En el segundo periodo marcado por una profundización en su individualidad como autor teatral, escribió algunas de sus obras más importantes relacionadas con la historia inglesa y las denominadas comedias alegres, así como dos de sus mejores tragedias. Ricardo II (1595), Enrique IV (1597) y Enrique V (1598), que cubren un periodo de tiempo inmediatamente anterior al de su Enrique VI. Entre las comedias de este periodo sobresale Sueño de una noche de verano (1595), El mercader de Venecia (1596), Mucho ruido y pocas nueces (1599), Como gustéis (1600), Noche de Epifanía (1600) y Las alegres casadas de Windsor (1599). Dos grandes tragedias, muy distintas entre sí por su naturaleza, marcan el comienzo y el final de este segundo periodo, Romeo y Julieta (1595) y Julio César (1599). En el tercer periodo el dramaturgo inglés escribió sus mejores tragedias y las llamadas comedias oscuras o amargas. Hamlet (1601), su obra más universal, Otelo, el moro de Venecia (1604), El rey Lear (1605), Antonio y Cleopatra (1606), Macbeth (1606), Troilo y Cressida (1602), Coriolano (1608) y Timón de Atenas (1608). Las dos comedias de este periodo son también algo oscuras, A buen fin no hay mal principio (1602) y Medida por medida (1604) tienen en común, además, el hecho de cuestionar la moral oficial. Finalmente el cuarto periodo comprende las principales tragicomedias románticas, Pericles, príncipe de Tiro (1608), Cimbelino (1610), El cuento de invierno (1610), La tempestad (1611), el drama histórico Enrique VIII (1613) y Los dos nobles caballeros (1613), la historia de dos jóvenes caballeros enamorados de una dama, atribuidas a Shakespeare, parecen ser más bien fruto de su colaboración con John Fletcher.
Hasta el siglo XVIII, Shakespeare fue considerado únicamente como un genio difícil. Del siglo XIX en adelante, sus obras han recibido el reconocimiento que merecen en el mundo entero. Casi todas sus obras continúan hoy representándose y son fuente de inspiración para numerosos experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana, ejemplificado en la perfecta caracterización de sus variadísimos personajes. Su habilidad en el uso del lenguaje poético y de los recursos dramáticos, capaz de crear una unidad estética a partir de una multiplicidad de expresiones y acciones, no tiene par dentro de la literatura universal. Autores teatrales ingleses posteriores, como John Webster, Philip Masinger y John Ford tomaron prestadas ideas de sus obras, y su influencia en los autores de la restauración, en especial sobre John Dryden, William Congreve y Thomas Otway resulta más que evidente. © eMe
Textos:
Como gustéis (fragmento)
El rey Lear (fragmento)
Hamlet (fragmento)
Julio César (fragmento)
Macbeth (fragmento)
Medida por medida (fragmento)
Sonetos (fragmento)
Web Recomendada:
www.shakespeare.org.uk
El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)
(Cuzco, Perú, 1539 - Córdoba, España, 1616)
"A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias, y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él." Estas nobles palabras definen la personalidad del Inca Garcilaso de la Vega.
Era hijo natural de Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, capitán de la conquista, que pertenecía a grandes linajes de Castilla y entroncaba con tres poetas: en lo inmediato, con el bucólico "Salicio"; más allá, con Jorge Manrique y con el Marqués de Santillana. Su madre fue la princesa Chimpu Ocllo, bautizada con el nombre de Isabel, sobrina nieta del último rey del Perú, Huaina Cápac Inca. La primera lengua del mestizo fue el quechua; él mismo nos lo dice y lo confirma el hecho de que su madre, al otorgar testamento en 1571, hubo de hacerlo mediante intérprete.
Nuestro Inca Garcilaso guardó igual fidelidad a sus dos ascendencias. Ya en su vejez, en la lengua de su padre, que poseía como propia y manejaba al estilo clásico, pretendió salvar la memoria de lo que había sido la grandeza del pueblo y la familia de su madre.
Nacido en el Cuzco poco después de la conquista (1539), a los veintiún años salió del Perú, cuando dos casamientos habían destruido el hogar común de sus padres. Por Lisboa y Badajoz llegó hasta Montilla, residencia de su tío, el viejo capitán Alonso de Vargas. Usaba todavía el nombre de Gómez Suárez de Figueroa, en memoria de uno de sus abuelos, hasta que en 1563, adoptó el de su padre, Garcilaso de la Vega. Fracasado su intento de regreso al Perú, se radica definitivamente en la Península. Salvo la campaña contra los moriscos de las Alpujarras y alguna que otra ausencia esporádicas vivirá en Montilla durante treinta años.
Alonso de Vargas, que falleció en 1570, instituye heredero de la mitad de sus bienes a su sobrino, pero con usufructo vitalicio para su viuda. Hasta la muerte de ésta, son quince años de mucha estrechez para Garcilaso. Entregado a la lectura para ocupar su tiempo, sintió despertársele una vocación literaria y humanista, que debía acompañarlo en el curso de su larga vida. Sus últimos veinticinco años los vivió en Córdoba, vistiendo el hábito eclesiástico. Diego de Vargas, hijo suyo y de doña Beatriz de la Vega, cuidó de que fuera enterrado en una capilla de la Catedral, donde permanecen sus restos.
El latín y el italiano modelaron su estilo al igual que el de los otros escritores castellanos sus contemporáneos. Una traducción, del italiano, de los Diálogos de Amor (1586) del platónico León Hebreo, es testimonio irrecusable de las preferencias filosóficas del Inca; en la Genealogía de Garci-Pérez de Vargas (1596), a cuya familia pertenece por su padre, nos da interesantes noticias autobiográficas; su relación de la conquista de La Florida (1605) por el adelantado Fernando de Soto, con resonancias de Boyardo, de Ariosto y de Ercilla, es como el llamado del Nuevo Mundo a su hijo, prófugo en el Antiguo; pero, en fin, son los Comentarios Reales de los Incas (1609) y la Conquista del Perú (1613) las obras que afianzan su renombre así en la historia de las letras castellanas como en las fuentes de los estudios americanistas. Con ellas no pretende sino salvar recuerdos, apuntalar ruinas. "Yo, incitado del deseo de la conservación de las antiguallas de mi patria, esas pocas que han quedado, porque no se pierdan del todo, me dispuse al trabajo tan excesivo como hasta aquí me ha sido y delante me ha de ser, al escribir su antigua república hasta acabarla."
Para el mestizo Garcilaso, el Imperio Incaico era una página vuelta definitivamente en el libro de la Historia. Sin embargo, a raíz del alzamiento de Túpac Amaru, en 1782, una Real cédula de Carlos III ordena a los virreyes de Lima y de Buenos Aires recoger todos los ejemplares que pudieran hallar de los Comentarios del Inca, porque "aprendían en ellos los naturales muchas cosas inconvenientes". Quedó prohibido el libro en América y registrado en el índice expurgatorio... pero en la metrópoli circulaba libremente y se reimprimía (Madrid, 1801). Obra juzgada peligrosa por el régimen colonial, era lógico que mereciera todas las simpatías de los gobiernos independientes. El libertador San Martín proyectó en 1814 una edición que debía imprimirse en Londres. Los azares de la guerra lo impidieron. Los Comentarios y la Conquista no se publicaron en América hasta 1918.
Mucho se ha discutido el valor histórico, documental, de la obra de Garcilaso. Desde quienes la consideran trasunto fiel de la civilización incaica, hasta aquellos otros que la motejan de fantasía apolegética, la escala de juicios registra todos los matices.
La verdad subjetiva, es decir, el deseo de veracidad, es innegable. El Inca mismo refiere cómo buscó, acucioso, las fuentes de información y certifica a menudo de su recuerdo personal, de su visión directa. Sinceramente reconoce las fallas que puede tener su memoria. "...Mis parientes, los indios y mestizos del Cuzco y de todo el Perú, serán jueces desta mi ignorancia, y de otras muchas que hallarán en esta mi obra; perdónenmelas, pues soy suyo, y que sólo por servirles tomé un trabajo tan inconfortable como esto lo es para mis pocas fuerzas, sin ninguna esperanza de galardón suyo ni ajeno." Si la tradición recibida de los viejos incas y de su propía madre tenía más de la epopeya que de la historia, no podemos reprochárselo. Si describió una sociedad ideal más que una sociedad real, no olvidemos que es común achaque juzgar de un pueblo por su constitución y por sus leyes. Si en la vejez idealizó memorias de infancia y de primera juventud; si, cercano ya a la tumba, pensó en su cuna y con ternura filial evocaba la tierra que lo vio nacer, pues nade más humano. Aquella tierra lejana, la suya, era la tierra de su madre, su matria, para hablar justamente, no su patria como al uso la llamaba. Garcilaso acometió la obra de los Comentarios por razones patrióticas, o mejor, de solidaridad étnica, "para dar a conocer al mundo nuestra patria, gente y nación".
Fuente: EFERMÉRIDES CULTURALES ARGENTINAS
Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
http://www.me.gov.ar/efeme/index.html?mes=4&dia=23



