Práctica diaria de meditación cristiana

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TU PRÁCTICA DIARIA DE LA MEDITACIÓN CRISTIANA
Silencio, quietud y atención

El camino de la meditación es un camino de gran sencillez, y por lo tanto lo debes de hacer paso por paso. No busques resultados. No busques el progreso. Simplemente repite tu mantra cada mañana y cada noche por todo el período de tu meditación. Y en el proceso mismo, que es un proceso de olvidarte de ti mismo, de quitar la linterna hacia ti, que encuentras a Dios. Te encuentras entonces en Dios, llegas a comprender lo que es despojarte de ti mismo. Llegas a ver tu vida como un regalo que se la ofreces de nuevo a Dios y que el regalo que era finito cuando se te dio, se transforma en una ofrenda infinita.

Para aquellos que gustan de la práctica de la meditación, los invitamos a visitar esta página que nos conecta con los orígenes de la tradición cristiana.

La Fuente de la Vida
Moment of Christ, Dom John Main, OSB

Es importante ver la meditación como una forma de crecimiento, como un camino para profundizar nuestro compromiso con la vida así como un camino hacia nuestra madurez. El poder ver esto es una prioridad muy importante para cada uno de nosotros para permitir a nuestro espíritu dos cosas: Primero, el mayor contacto posible con la Fuente de la Vida y luego, como resultado de ese contacto, poder permitir a nuestro espíritu tener el espacio que requiere para su expansión. Ahora bien, cuando escuchamos esto como teoría se escuchan muchas palabras. ¿Qué significa pues para nosotros que para que una vida sea verdaderamente humana requiere estar en contacto con la Fuente de la Vida?

Cada gran tradición espiritual sabe que es en la quietud profunda el espíritu humano comienza a darse cuenta de su propia Fuente. En la tradición Hindú, por ejemplo, en los Upanishads, se habla del espíritu del Uno que creó el universo y que vive en nuestro corazón. El mismo espíritu se describe como el Uno que en silencio nos ama. En nuestra tradición Cristiana, Jesús nos dice que el Espíritu vive en nuestro corazón y que es el Espíritu del amor.  Este contacto interior con la Fuente de Vida es vital para nosotros, porque sin ello no podríamos imaginarnos el potencial que tiene la vida para nosotros. El potencial es que debemos crecer, que debemos madurar, que debemos llegar a la plenitud de la vida, a la plenitud del amor, a la plenitud de la sabiduría.  El conocimiento de ese potencial es de suma importancia para nosotros. En otras palabras, lo que cada uno de nosotros tenemos que hacer, y lo que cada uno de nosotros estamos invitados a hacer, es poder empezar a comprender el misterio de nuestro propio ser así como el misterio de la vida misma.

En la visión proclamada por Jesús, cada uno de nosotros estamos invitados a comprender la dimensión sagrada de nuestro ser y de nuestra vida. Por esa razón la segunda prioridad es muy importante ya que debemos dar espacio a nuestro espíritu para su expansión. En la tradición de la meditación este espacio, para la expansión del espíritu, se da en el silencio y la meditación es tanto un camino como un compromiso al silencio que crece en cada parte de nuestras vidas.  Se convierte en un silencio que sólo podríamos describir como el silencio infinito de Dios, el silencio eterno.  Estoy seguro de que descubrirás por tu propia experiencia, es en el silencio, donde empezamos a encontrar la humildad, la compasión, el entendimiento que requiere nuestro espíritu para su expansión.   Los hombres y mujeres de nuestro mundo de hoy han comenzado ya a ver que el crecimiento del espíritu así como que  el despertar espiritual es la prioridad más importante de nuestros tiempos.  Pero la pregunta es - ¿cómo hacerlo? ¿Cómo entrar en este camino?

Es aquí donde la tradición de la meditación es de suprema importancia para nosotros, pues es una tradición espiritual de compromiso que ha sido recorrido por hombres y mujeres a través de los años y la cuál es una tradición abierta para tí. La única cosa necesaria para entrar en ella es comenzar a practicarla.  La práctica es muy sencilla y muy obvia.  Debemos dedicarle tiempo, debemos practicar cada mañana y cada noche de toda nuestra vida, debemos estar disponibles para este trabajo de hacer contacto con la Fuente de la Vida y para hacer el trabajo de crear el espacio para la expansión del espíritu.  La profundización de la fe y la práctica de la meditación son verdaderamente sencillas.  Simplemente toma tu palabra, tu mantra, y repítela.

Es esta simplicidad lo que resulta crear un gran problema para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.  Estamos ya tan acostumbrados a lo complejo que la sencillez de la meditación, que el solo hecho de estar contentos con la repetición de la palabra, de resonarla en tu corazón, resulta ser un reto mayor.  Es por esto que cuando meditamos en grupo o solos, debemos de hacerlo de la forma más leal posible, de la forma más continua posible.

La palabra que te recomiendo para que repitas está en Arameo y es la palabra maranatha, la cuál debe decirse interiormente, sin mover los labios, y debes de resonarla, del principio al fin de tu meditación. La meditación es un proceso de crecimiento, de crecer concientemente, y como todos los procesos de crecimiento, tiene su propia velocidad y su propio ritmo. Hay que arraigar el mantra a tu corazón.  Jesús  hablaba con frecuencia que la Palabra del Evangelio debía arraigarse en el corazón de los hombres y mujeres y lo decía cuando se refiere a la semilla que cae en tierra fértil.  En otras palabras, todo tu ser se involucra en este proceso. Tú repites y resuenas el mantra y por tu fidelidad de hacerlo cada día, la arraigas en tu corazón y una vez arraigada, esta florece. De hecho florece. Y la flor de la meditación es la paz, una paz profunda.  Y es una paz que surge de la armonía, de la armonía dinámica que encuentras cuando haces contacto con la base de tu ser, pues lo que descubres es que el mantra está arraigado en tu corazón, en el centro de tu ser, y tu ser está arraigado en Dios, el centro de tu ser.

El camino de la meditación es un camino de gran sencillez, y por lo tanto lo debes de hacer paso por paso. No busques resultados. No busques el progreso. Simplemente repite tu mantra cada mañana y cada noche por todo el período de tu meditación. Y en el proceso mismo, que es un proceso de olvidarte de ti mismo, de quitar la linterna hacia ti, que encuentras a Dios. Te encuentras entonces en Dios, llegas a comprender lo que es despojarte de ti mismo. Llegas a ver tu vida como un regalo que se la ofreces de nuevo a Dios y que el regalo que era finito cuando se te dio, se transforma en una ofrenda infinita.

Reflexiona sobre esto bajo las palabras de San Pablo a los Hebreos:“Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a El le agrada, con temor reverente”. (Hebreos 12:28)

Cuando nos percatamos de la cercanía de Dios en nuestras vidas, nos movemos en una profunda reverencia hacia El.  Solo debemos aprender a estar quietos, a estar en silencio.

FUENTE: Página web: http://www.meditacioncristiana.com
http://www.meditacioncristiana.com/mc22-lafuentedelavida.html
http://www.meditacioncristiana.com/index.html

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