Compartiendo artículos interesantes
AYUDÓ A LA AMISTAD ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
Ibn Jaldún, embajador de paz
Evocan al historiador y teólogo musulmán, considerado “padre de la sociología”, a cinco siglos de su muerte.
Hace 600 años, se manifestaba por primera vez una concepción científica de la historia. El hecho ocurrió en el mundo islámico y el honor recayó sobre Ibn Jaldún. Dotado de gran inteligencia, sagacidad y diplomacia fue prenda de unión entre cristianos, judíos y musulmanes. En dos semanas se homenajeará en Buenos Aires a este historiador y teólogo musulmán, considerado por especialistas europeos como "el padre de la sociología". Abu Zayd Abd ar-Rahmán Ibn Muhammad Ibn Jaldún al-Hadrami nació en Túnez el 27 de mayo de 1332, en un mundo culto y elegante, donde las fuentes murmuraban en los soleados patios y la música, los libros y la meditación alternaban con asuntos de estado, siempre interesantes pero no exentos de peligros. Su familia, oriunda de Arabia del sur (Hadramaut), emigró a España en el siglo VIII, en los primeros años de la conquista musulmana. Tres siglos más tarde, los Banu Jaldún eran los líderes políticos e intelectuales de Sevilla. En la mitad del siglo XIII, huyendo de los castellanos, los orgullosos patricios de raigambre árabe pasaron al noroeste de África donde, gracias a sus amigos recuperaron riqueza y honor. Tras trabajar en distintas cortes musulmanas norafricanas, Ibn Jaldún regresó a la tierra de sus antepasados. Como Sevilla había sido conquistada por los cristianos, fue a Granada, al servicio del sultán nazarí Muhammad V y vivió en la Alhambra, último oasis musulmán peninsular. Con presteza supo ganarse la confianza del joven sultán y de su canciller, el afamado médico e historiador Ibn al-Jatib, quienes lo enviaron a Sevilla en el año 1364 para que negociara un tratado de paz con el rey castellano Pedro I el Justiciero.
Un día de invierno de ese año, Ibn Jaldún, convertido en embajador granadino, llegó con sus cartas credenciales a l Real Alcázar, complejo palaciego construido por alarifes mudéjares cuyo portal estaba decorado con las palabras caligráficas en árabe "Dios es el más grande...". Pedro, había sido advertido por su astrólogo y consejero judío Abraham Ibn Zarzar, el rango que había tenido la familia de Ibn Jaldún en Sevilla. Ibn Zarzar, médico y astrónomo eminente, se había hecho amigo de Ibn Jaldún en la corte del sultán meriní Abu Inan Faris (1348-1358).
El rey cristiano quedó fascinado por aquel sabio musulmán con raíces sevillanas y aparte de las negociaciones políticas conversó muchas veces con Ibn Jaldún, filosofando sobre temáticas diversas. Esa naciente amistad tuvo excelentes efectos para las condiciones del tratado de paz con Granada y el sultán nazarí se mostró muy contento con los servicios de su embajador.
Tanto Pedro I como Muhammad V intentaron retener en sus cortes respectivas a Ibn Jaldún,pero éste no aceptó los cargos y las ofertas más atractivas y honorables, retornando al África. En Argelia, entre 1375-1377, redactaría su obra cumbre, la "Introducción a la historia universal" (en árabe al-Muqaddimah), donde sus pensamientos y análisis se anticipan a los de Giambattista Vico, Robert Jacques Turgot, Johann Herder y Karl Marx. El historiador británico Arnold J. Toynbee, en su "Estudio de la Historia", dice que "Ibn Jaldún concibió y formuló una filosofía de la historia que es sin duda el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una inteligencia en ningún tiempo y en ningún país". Embajador ante Tamerlán.
Luego de haber sido juez islámico en El Cairo, en 1401, a la edad de setenta años, Ibn Jaldún fue enviado a Damasco como embajador del sultán mameluco Fara an-Nasir para parlamentar con el conquistador mongol Tamerlán Timur, tratando de evitar la invasión a Palestina y Egipto. Tamerlán, muy bien informado por sus espías, supo de la valía de Ibn Jaldún y lo recibió espléndidamente con las intenciones de reclutarlo a su servicio y aprovecharse de sus conocimientos geográficos y políticos para sus futuras conquistas. Pero Ibn Jaldún, ducho en esas intrigas, entretuvo al conquistador con anécdotas milyunanochescas por las que olvidó su ambición por Occidente. A través de un ardid, Ibn Jaldún evadió al tirano y volvió a El Cairo. Poco tiempo después, Tamerlán partió al Oriente a la conquista de China. El mundo islámico, y muy probablemente el europeo, se habían salvado gracias al historiador tunecino. Ibn Jaldún pasó el resto de sus días estudiando, escribiendo y ocupándose de sus deberes oficiales, falleciendo en la capital egipcia el 17 de marzo de 1406.
FUENTE: http://www.valoresreligiosos.com.ar/nota.asp?Id=6431


