La palabra “perfume” significa “a través del humo” y las primeras en utilizarlo fueron las sacerdotisas que, por medio de fragancias exquisitas, elevaban sus ofrendas a la Diosa, sacralizaban el ambiente del templo y purificaban su alma.
El más antiguo de los aromas empleados es seguramente el incienso. Ellas mismas lo mezclaban con distintas hierbas, de acuerdo al propósito de los rituales que celebraban.
El poder del incienso reside en sus sutiles vibraciones y en su aroma, con los cuales nuestros rituales se enriquecen. Es hermoso perderse en éxtasis, observando el incensario sobre el altar con sus tenues volutas de humo que se entrelazan como si se tratara de la danza de una serpiente, creando una atmósfera mágica y misteriosa.
Cuando el incienso arde y su humo se eleva en el aire, el lugar sufre una transformación, su perfume purifica el altar y el área que lo rodea, alejando las vibraciones perturbadoras o negativas.
Se quema incienso, al hacer magia, con el fin de estimular la conciencia ritual, es decir: para crear el estado de ánimo preciso para despertar y dirigir la energía personal. Ese estado de ánimo también se alcanza mediante la utilización de instrumentos mágicos, permaneciendo de pie ante el altar encantado donde arden las velas, entonando canciones para la Diosa y pronunciando sus mantras.
Es una valiosa ayuda para nuestros rezos ya que, al elevarse, el humo lleva el mensaje directamente a las divinidades que se invocan.
Podemos también quemar inciensos con fórmulas especiales con el fin de atraer ciertas energías específicas, de acuerdo al propósito que necesites lograr, tal como lo hacían nuestras antepasadas consagradas a la Diosa.
Aquí te ofrecemos un pequeño listado que puede servirte de base para crear tus propias fórmulas de incienso mezclado con otras resinas y hierbas:
Amor
Canela, Clavo, Jazmín, Rosa, Vainilla, Jengibre, Verbena, Lavanda, Violeta, Patchouli, Manzanilla, Gardenia, Laurel, Sangre de drago, Clavel, Flor de naranja, Manzana, Romero, Azahar, Naranja
Suerte
Salvia, Azahar, Jazmín, Naranja
Protección
Romero, Albahaca, Incienso, Sándalo, Clavel, Vetiver, Manzana, Salvia, Eucalipto, Mirra, Ruda
Limpieza y Purificación
Jazmín, Lavanda, Salvia, Menta, Valeriana, Manzanilla, Incienso, Mirra, Benzoe, Canela, Rosa, Romero, Sal, Sándalo, Orégano, Manzana, Benjuí, Cedro, Lila. Limón
Prosperidad
Perejil, Canela, Clavel, Musgo, Patchouli, Arroz, Eneldo, Girasol, Naranja, Romero, Mejorana, Tomillo, Laurel, Azahar, Benjuí, Cedro, Lavanda, Jazmín
Curación
Sándalo, Lavanda, Eneldo, Menta, Hinojo, Romero, Verbena, Jengibre, Clavel, Amapola, Enebro, Clavel, Eucalipto, Salvia, Tomillo, Oliva, Limón
Felicidad
Lavanda, Rosa, Geranio, Sándalo, Vainilla, Azahar, Limón, Sal, Canela, Eucalipto, Lavanda, Rosa, Verbena, Naranja, Enebro, Mirra, Sangre de drago, Manzanilla, Romero, Salvia, Lila, Orégano
Cambios
Romero, Sándalo, Sal, Sangre dragon
(*) Este es un artículo de Sandra Román, Sacerdotisa de Avalon, iniciada en Glastonbury, Inglaterra, en el Equinoccio de Otoño del año 2000. Es autora del libro “Los Rostros de la Diosa”, editado por Kier en mayo de 2005 de la agenda-libro “Diosas y Chamanas”.



